Emprendieron
una búsqueda solitaria por el bosque esperando que estuviese cerca del lugar,
pues con la pequeña lámpara que guardaban en la guantera del auto no podrían
iluminar mucho su camino, no sabrían si hay algún peligro cerca o si su hija
está cerca, era casi imposible tratar de buscarla pues ella siendo curiosa y
pequeña podría estar en cualquier parte, partes a las que ellos no alcanzaban a
llegar.
Casi nunca
notamos cómo es que los niños ven más allá que nosotros pero así es. Siendo
ellos curiosos buscan mejor, siendo ellos distraídos notan más cosas, teniendo
ellos más libertad e ignorancia con respecto a los peligros simplemente
exploran todo ignorando consecuencia alguna.
Solemos
pensar que en un lugar conocido no hay nada que no haya sido visto o explorado,
pero la realidad es que los bosque, por más conocidos que sean, siempre serán
misteriosos y guardarán los secretos que nadie debe conocer. Son los bosques
los que tiene cosas para contar y decir, pero solemos ignorar eso pensando en
que, en esta época, ya todo ha sido visto y catalogado.
La
verdad es que esta pequeña niña encontró algo que muchos quisiéramos hallar,
algo fantasioso y un tanto trivial: Una especie de fuente de los deseos. Aquel
arrollo que parecía salir de ningún lugar provenía de una parte muy profunda
del bosque, a la que por su espesura, era poco explorada. En aquella parte del
bosque casi nunca brillaba la luz del sol, aún siendo de día era muy poca la
luz que dejaban pasar los árboles.
Charlotte,
siendo una niña que lo le temía a la oscuridad se dirigió a ese lugar con mucha
tranquilidad, como si hubiese sido guiada hasta allí, y siendo alguien que no
le temía a nada (o eso era lo que ella pensaba) se cruzó por su mente el deseo
más horrible que alguien pudiese imaginar.
Si se preguntan cómo notó Charlotte
que el agua de aquel lugar cumplía deseos fue al ver a una pequeña mariposa
convertirse en ardilla al momento de beber el agua. Parecía que solo debía
pensar en lo que quería para serlo. Tenía la apariencia de ser algo bello, pero
las apariencias suelen engañar.
No
había nada de malo con el agua o los deseos, no había trampa en aquello, lo que
estuvo mal fue lo que ella quiso. Cualquiera diría que una pequeña niña pediría
ser princesa, ver un unicornio, tener juguetes y frivolidades, pero esta niña
no quería nada de eso, ella quería ver en persona al monstruo que la
atormentaba en sus pesadillas.
Era
una niña que expresaba demasiada felicidad, nunca nadie hubiera imaginado que
soñase, o mejor dicho, que tuviera una pesadilla, con algo tan horrible. Era
una especie de dragón viscoso, con cabeza pulposa, llena de tentáculos, de
patas escamosas y desagradables, de un tamaño inmensurable el cual babeaba y
respiraba frenéticamente, como si estuviese agitado y listo para atacar.
(Continuará...)
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